Construyendo información para Otra Economía
El intercambio desigual es remplazado por monopolios
«A comienzos del siglo XX se podían diferenciar fácilmente a los países desarrollados de los subdesarrollados mirando sus niveles de industrialización. Los primeros se caracterizaban por un alto nivel de desarrollo industrial y financiero, mientras que los segundos tenían sistemas productivos de enclaves focalizados en la explotación y exportación de productos primarios y alimentos, con niveles de ingresos relativamente bajos y concentrados en pocas manos. Esta morfología era, en realidad, el resultado de una relación de dominación centro-periferia, que permitía a los países centrales comprar relativamente barato insumos primarios y alimentos a cambio bienes industriales que vendían a precios sobrevaluados. Dicho fenómeno se conoció luego con el nombre de «intercambio desigual» y dio fundamento a la propuesta de industrialización latinoamericana impulsada en la década del ’50 por la CEPAL.
No obstante, los importantes procesos de desarrollo industrial que tuvieron lugar a partir de la segunda guerra mundial en diversos países del llamado tercer mundo, transformaron este escenario productivo global como consecuencia de dos hechos sociales. Por un lado, la afluencia al poder de procesos políticos de impronta nacional y popular y, por otro, la tendencia del capital transnacional a trasladar parte de su producción a los países periféricos en busca de menores costos de mano de obra y energía. Este éxito aparente llevó a los economistas del Banco Mundial a promover la categoría de país en vías de desarrollo, en contraposición a la de país periférico, y a reforzar sus teorías de la convergencia internacional del desarrollo capitalista.
Sin embargo, como bien destaca el economista egipcio Samir Amin, la relación centro-periferia, lejos de desaparecer, se acentuó en este último tiempo, aunque su principal reflejo empírico ya no es el grado de industrialización relativa sino el control de cinco monopolios estratégicos para apropiarse del excedente económico por vías quizás menos evidentes pero igual de efectivas que en el pasado. Estos monopolios tienen como base de poder la innovación tecnológica; los recursos financieros; el acceso a los recursos naturales; el control de la información a través de los medios de comunicación y el de las armas de destrucción masiva. Dichos monopolios, hoy en manos de empresas multinacionales manejadas por las clases dominantes de los países centrales, explican, para Samir Amin, la causa profunda de la desigual distribución del ingreso que existe actualmente a escala global.
¿Cómo operan estos monopolios para apropiarse del ingreso? A través del dominio de la tecnología obligan a los países periféricos a pagar enormes sumas de dinero en concepto de marcas y patentes por su uso. La usura financiera les permite extraer un flujo enorme de recursos en concepto de pagos de intereses por la deuda externa. El monopolio en el acceso a los recursos naturales los hace beneficiarios de la renta de la tierra, que luego giran al exterior en concepto de remisión de utilidades e inversión financiera. El dominio de los medios de comunicación les permite intervenir de manera radical en los procesos políticos de los países periféricos para proteger el accionar de los conglomerados transnacionales de las amenazas de los proyectos nacionales y populares. Finalmente, el monopolio de las armas de destrucción masiva otorga a los centros la potestad de iniciar «ocupaciones preventivas» ante posibles escenarios de rebeldía emancipadora.
Samir Amin diferencia también entre periferias activas, que son aquellas con la audacia suficiente para desafiar, a través de un proyecto político propio, a los países centrales en el control de estos monopolios en sus territorios, y pasivas, donde los poderes imperiales se desarrollan sin obstáculo alguno. En este contexto el desafío político de la integración latinoamericana es evidente. El proceso será exitoso si permite a los países de la región quedarse con el excedente económico que hoy se fuga a los centros de poder financiero mundial, para esto es condición indispensable el control nacional de los monopolios mencionados, a través de un bloque de poder con capacidades hegemónicas y rebeldía antiimperialista.
Publicado en la edición del 29 de abril del suplemento Trabajo y Economía (Tiempo Argentino)«
